Lo que VOX se pretende, cambiar el actual sistema que tenemos por una democracia de verdad, donde los diputados representan a los ciudadanos, la justicia es independiente, y se salvaguardan los derechos de TODOS los españoles por igual, no solamente es loable, es absolutamente necesario para el futuro bienestar de los españoles. Es necesario porque de lo contrario pasará como con una economía que no crece, y es que España terminará por irse a pique, económica, histórica, y moralmente. Nos hemos sumido como país, y de forma más obvia que nunca en los últimos años, en un permanente estado de enfrentamiento. Ya no tenemos nada claro en España. Es una cacofonía de contradicciones, sumergida en un mar de prejuicios anticuados. No es que la ciudadanía esté unida frente al aparato político que lleva años abusando de su situación privilegiada, es que da la impresión de que se han creado silos ideológicos enfrentados entre si, y cada silo aglutina a los más fervientes ciudadanos, su correspondientes medios de comunicación, y los políticos correspondientes también. Pero estos silos existen solo en la visión de algunos ciudadanos, esos más radicales, como los seguidores de clubes de fútbol que prefieren ver al club rival de su ciudad perder contra un club extranjero, antes de alegrarse de la victoria de otro club español. Estas personas están siendo hábilmente manipuladas en pensar que los políticos por los que sienten afinidad trabajan en su beneficio, y que dentro del silo forman un equipo armonioso en todos los estamentos de la sociedad. Esta forma de pensar contribuye a crear grandes divisiones entre ciudadanos, exacerbando en muchas ocasiones diferencias de opinión hasta el punto de hacerlas prácticamente inconciliables. Desafortunadamente, esta percepción convertida en realidad para un considerable tanto por ciento de ciudadanos, es precisamente la que representa un éxito de incalculable valor para la casta política que lleva pegada al sillón del poder desde los años 80. Para aquellos que se benefician directamente de la democracia y el amiguismo ya no es una percepción o una cuestión ideológica, es una cuestión de bolsillo pura y dura. Deshacer esta situación va a ser un reto extremadamente complicado que va a requerir mucha paciencia, mucho coraje, y sobre todo mucho tiempo, porque el cambio no solo es un cambio de sistema político, es un cambio de mentalidad por parte de los políticos, y también de los ciudadanos, que tenemos que entender en la inmensa mayoría que los únicos dos silos que puede haber de verdad son el de los ciudadanos y sus dirigentes, y el primero controla al segundo, y el segundo está para salvaguardar los intereses del primero.

 
Para este cambio tan profundo hay que persuadir a los ciudadanos de que votar a los mismos de siempre solo puede acabar mal, y hay que persuadir a los políticos enquistados en el poder, de que un cambio será mucho mejor para ellos a largo plazo, que dejar pasar el tiempo hasta que la olla a presión que llevan cocinando 35 años termine de reventar. 
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