Cuando un montón de terroristas sin arrepentir salen a la calle, se reúnen sin que al juez de turno le parezca mal, echan a un valiente periodista por preguntarles cuándo van a pedir perdón, y en la calle insultan a las víctimas y a sus familiares, es que algo está muy podrido. ¿Cómo es posible que dos presidentes de gobierno de posiciones normalmente opuestas, coincidan a la hora de permitir que esto pase? Pero este caso es solo un ejemplo más, aunque sea el más repugnante, de una tendencia que se ha apoderado de la vida política española: dejar que los extremismos minoritarios, y no los problemas de la mayoría como la economía o el empleo, casi monopolicen el día a día. Uno tiene la sensación de que expresar patriotismo, apoyar a las víctimas, preferir la unión a la balcanización de España son posiciones que el gobierno considera intolerantes y que crispan el ambiente de diálogo. El diálogo está muy bien, pero no a costa de las leyes y los principios democráticos básicos por los que nuestra sociedad debe regirse. Lo peor de todo es que no entiendo porqué el gobierno actúa de esta manera, a menos que sea por pura cobardía, es decir, evitar los problemas a base de una vomitiva combinación de dejadez y capitulación. Digo que no lo entiendo porque no sé qué gana el gobierno. Imagino que los que están en el poder (PPSOE) seguirán pasándose el testigo entre ellos bastante tiempo, hasta que los españoles abran la puerta a otras formaciones políticas que estén dispuestas a cambiar el régimen de dictadura parlamentaria que sufren los españoles desde que el PSOE ganó las elecciones en el ´82. Estos problemas no se van a ir, seguirán creciendo porque los están dejando crecer. No veo que el gobierno gane nada. Si la estrategia es darle cuerda a los nacionalismos para que se acaben consumiendo solos, entonces tampoco lo entiendo visto lo que ha pasado en los últimos 20 años. También es muy triste que algunos medios de gran difusión adopten la misma postura pasiva del gobierno, o se hayan convertido en una especie de oficina de propaganda para los nacionalismos. Si esto sigue así, llegaremos a un punto en el que las nuevas generaciones estarán tan polarizadas que la voluntad de diálogo disminuirá al tiempo que la intolerancia, la ignorancia, y el radicalismo crecerá, dificultando enormemente la convivencia. 
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